Por: Marco Osuna
¿Qué tienen en común París, Madrid, Zúrich y Londres? Más allá de su riqueza, histórica, turística y económica, estas ciudades europeas comparten una larga tradición en la enseñanza de la educación superior, que les ha permitido destacarse a nivel internacional.
De hecho, Cambridge y Oxford en Inglaterra; ETH Zurich en Suiza; Complutense en España; y École Normale Supérieure en Francia; aparecen entre las 25 mejores universidades del mundo, según el “Times Higher Education - QS World University Rankings 2008”, un estudio que sondeó a 6.354 académicos y 2.339 empresarios de diversas nacionalidades.
“Los primeros claustros se fundaron en la Edad Media. Algunos como Bolonia, París y Heidelberg existen en la actualidad y se encuentran entre los más innovadores”, afirma Jerónimo Castro, directivo de Colfuturo. “Esa combinación entre tradición y modernidad hace que estudiar en Europa sea tan maravilloso”, complementa.
La llamada “cuna de la cultura occidental” también se caracteriza porque la educación superior siempre ha sido considerada como un derecho básico y por lo tanto, los gobiernos nacionales observan de manera rigurosa su calidad. “Esto lleva a que las colegiaturas sean relativamente bajas o no se apliquen en algunos países”, dice Castro.
En el caso de los programas orientados a la educación logística, “12 de los 27 países que integran la UE ofrecen diplomados, especializaciones y maestrías de alto nivel”, puntualiza el directivo de Colfuturo, quien destaca a las universidades Autónoma de Barcelona (España) y Escuela Politécnica Federal de Lausanne (Suiza), como los destinos más apetecidos por los profesionales de esta área.
Otra ventaja tiene que ver con la movilidad estudiantil, hoy por hoy, uno de los indicadores más importantes de internacionalización de las universidades europeas.
Calidad, diversidad y
oportunidad |
Cuando Diana Corredor culminó la Especialización en Gerencia Logística de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá y optó por trasladarse a Europa para matricularse en la Maestría en Logística, Transporte y Distribución de la Universidad de Westminster en Londres (Inglaterra); nunca imaginó que viviría la mejor experiencia de su vida.
“Además de obtener un título académico internacional, tuve la oportunidad de aprender nuevos idiomas y habilidades interculturales, muy valoradas para acceder a oportunidades laborales en entornos competitivos”, relata Corredor, quien actualmente se desempeña como gerente de compras y aprovisionamiento en una reconocida empresa española.
Otra ventaja tiene que ver con la movilidad estudiantil, hoy por hoy, uno de los indicadores más importantes de internacionalización de las universidades europeas y una valiosa oportunidad para que los profesionales en logística prorroguen su estancia en el extranjero.
“Muchos países de la UE animan a los estudiantes más brillantes a quedarse después de finalizar sus estudios, con el propósito de realizar proyectos de investigación, pasantías, cátedras y seminarios”, explica Corredor, quien después de Inglaterra tuvo un periplo por Francia y España.
Los programas orientados a la educación logística cuentan con un grupo de catedráticos de diversas nacionalidades,
con experiencia en docencia,
investigación académica y consultoría
empresarial. “Las clases se basan en
casos prácticos y en experiencias que
reflejen situaciones actuales del mundo
de los negocios internacionales”, complementa
Corredor.
La “experiencia erasmus” |
El Programa de Aprendizaje Permanente
(PAP) es el principal mecanismo
de financiación educativa para el período
2007 – 2013 en Europa. “Cuenta
con un presupuesto de 7.000 millones
de euros para costear proyectos que estimulen
el intercambio, la cooperación y
la movilidad entre los sistemas de educación
de la región”, explica Emilio García
Prieto, director de la filial española
del organismo.
El PAP comprende cuatro programas:
Comenius, para la educación escolar;
Leonardo da Vinci, para la formación
profesional; Erasmus, para la educación
superior; y Grundtvig, para la educación
de adultos.
“Para muchos profesionales de la
cadena logística, Erasmus les ofrece la
ocasión de vivir por primera vez en un
país de la UE”, destaca García Prieto. “El programa fomenta no solamente
el aprendizaje y entendimiento de la
cultura y costumbres del país anfitrión,
sino también el sentido de comunidad
entre estudiantes de diversas nacionalidades”,
añade.
La importancia que tiene este programa
ha desbordado el mundo académico
europeo, siendo reconocido como un
elemento importante para fomentar el
conocimiento de la UE entre la población
joven. “Esto ha hecho que se venga acuñando
el término “generación erasmus” para distinguir a esos estudiantes universitarios
que a través de esta experiencia
han creado lazos de amistad transfronterizos”,
concluye García Prieto.
De hecho, Erasmus ha sido galardonado
con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional
2004 por ser uno de los programas de
intercambio cultural más importantes
de la historia de la humanidad, y desde ya se prevé el éxito de su nueva
modalidad, Erasmus Mundus, que les brindara mayores posibilidades a los
profesionales latinoamericanos.
Erasmus ha sido galardonado con
el Premio Príncipe de Asturias de
Cooperación Internacional 2004 por ser
uno de los programas de intercambio
cultural más importantes de la historia de la humanidad.
Retos y oportunidades |
En junio de 1999, la UE puso en
marcha el “Proceso de Bolonia”, un ambicioso proyecto que sirvió de referencia para las reformas educativas que muchos países iniciaron en los primeros años del siglo XXI.
“El acuerdo, cuya implementación se completará en 2010, marca el camino
para incrementar la competitividad del sistema europeo ante el
poderoso entramado universitario estadounidense”,
explica Jerónimo Castro de Colfuturo, quien sintetiza los cambios en cuatro grupos: reformas curriculares y homologación europea
de títulos, aprendizaje permanente,
nuevas metodologías docentes y financiación.
“Estas metas se pueden resumir en
la creación de un sistema universitario europeo en el que las titulaciones
puedan ser homologadas en los países miembros sin problemas, algo que
no ocurre en la actualidad”, explica el experto. “De esta forma se fomenta la movilidad de estudiantes y profesores”, agrega.
En este sentido, el principal obstáculo
para lograr equiparar titulaciones
entre los países de la UE, eran las numerosas y diversas estructuras académicas. “El crédito europeo o ECTS
(siglas en inglés de Sistema Europeo
de Transferencia de Créditos) es el
elemento unificador. No tiene como
objetivo homogeneizar los sistemas de Educación Superior sino aumentar
su compatibilidad y comparabilidad,
respetando su diversidad”, revela
Castro.
Esta nueva forma de medir los conocimientos
implica también importantes
cambios en el papel que desempeñan
profesores y alumnos. “Se pretende
transformar un sistema de enseñanza
en uno de aprendizaje. Esto se basa en
una mayor implicación y autonomía del
estudiante, en el uso de metodologías
docentes más activas (trabajo en equipo,
tutorías, mayor uso de las nuevas
tecnologías) y en un seguimiento más
personalizado del trabajo académico”,
finaliza Castro.
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