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Las cosas en orden… Público  
encadenado

 

El mayor éxito de la política de seguridad democrática del actual gobierno ha sido la tranquilidad de los empresarios en cuanto a logística e infraestructura de las vías se refiere. La paz es un negocio para todos.

Por: Alejandro Pino Calad

labor militarEs innegable que el conflicto armado que Colombia ha sufrido en los últimos 60 años ha sido una de las principales causas para el retraso de nuestra economía. Nuestro país está bendecido por todo tipo de riquezas naturales gracias a su compleja geografía, pero esto también ha sido una maldición para su desarrollo lo que, sumado a los inconvenientes de seguridad que han generado seis décadas de guerrillas liberales y de izquierda, y paramilitares de derecha y de narcotraficantes, genera todo tipo de exigencias en el orden logístico.

Para nadie es un secreto que las tres cordilleras que atraviesan el interior del país son un obstáculo natural que dificulta el transporte terrestre encareciéndolo con altos costos en mantenimientos de vías e imprevistos desastres que las interrumpen. Para nadie es un secreto tampoco que en las décadas de los 80’s y 90’s la inseguridad en estas mismas carreteras fue uno de los principales factores para el alejamiento de la inversión extranjera y para el estancamiento de la economía que, de no haber tenido que enfrentar la intervención de fleteros en las vías, habría tenido un mayor crecimiento. Para ponerlo en cifras, en 1999, el año con mayores casos de piratería terrestre en la historia del país con 3.429 denuncias, la crisis económica del país tuvo un punto muy alto.

Históricamente los retenes son una estratagema de las guerrillas, especialmente de las FARC, que en muchos casos los realiza en una determinada región para tratar de atraer y aliviar la presión que las Fuerzas Militares están realizando contra la guerrilla en una región vecina. Así, por ejemplo, a las ofensivas que han realizado las Fuerzas Militares en Cundinamarca y Caquetá contra las FARC, éstas respondían con una escalada de retenes en Tolima, Cauca y Nariño.

El Ejército Nacional identificó a comienzos del presente siglo que las principales vías de ataque de la guerrilla eran, y siguen siendo, la vía Panamericana en Cauca; la vía de Pasto a Tumaco en Nariño; la vía Quibdo – Medellín en Chocó; las vías Mocoa - Puerto Asís y Villagarzón – Puerto Caicedo en Putumayo; el tramo Dabeiba – Mutatá en Antioquia; en el tramo Ibagué – Roncesvalles – Venadillo en Tolima; así como el tramo Buenaventura – Cali en Valle del Cauca.

Varias de estas carreteras eran y siguen siendo fundamentales para el transporte terrestre de mercancías hacia diferentes puntos de salida o de distribución, con lo que los ataques de la guerrilla no sólo generaban una liberación de la presión militar, sino que también le representaban una posibilidad de desestabilización y, además, de recursos al poder utilizar la extorsión con los productores, comerciantes y distribuidores.

Sin embargo, el peso de la inseguridad en la economía nacional no se trata sólo de las vías: la voladura de torres de energía, los atentados contra los oleoductos, las bombas contra las torres de comunicación afectan el buen desempeño del proceso logístico, y los datos demuestran que la disminución de estos actos en los últimos ocho años han sido claves para el crecimiento económico.



El punto de quiebre


El final de la administración Pastrana significó el punto más alto de afectación del orden público sobre la economía nacional. Tras fracasar el proceso de paz con las FARC, esta guerrilla inició una escalada que marcó cifras históricas y aterradoras.

Entre 2001 y 2002 las vías del país vieron 596 retenes ilegales que entorpecieron el transporte de mercancías con la quema de 77 vehículos de carga. Además de esto, las FARC iniciaron una ofensiva contra los puentes que no había tenido antecedentes.

Esta problemática de seguridad fue determinante en la elección de Alvaro Uribe como presidente en el 2002, y su política de seguridad democrática, que ha sido el fuerte de su administración, pronto empezó a dar frutos.

En este sentido hay que destacar que, según un estudio de la Fundación Seguridad y Democracia “la ofensiva de las FARC al término del proceso de paz durante el último período de Pastrana parece haber alterado notoriamente la serie histórica de los indicadores” sobre seguridad en las carreteras del país.

El primer año de Uribe en el poder los retenes ilegales bajaron a 423, y al finalizar su primer mandato la cifra había llegado a 119, el más bajo en casi 15 años. Esa caída entre el cuarto y el primer año del gobierno Uribe se debió a una disminución de las actividades de las FARC que pasaron de 278 a 96 retenes. Por su parte, las Autodefensas y el ELN disminuyeron los retenes en un 95% y 94%, respectivamente, al pasar de 19 a un hecho, y de 82 a 5 cada uno.

Las cifras incluso han sido mejores en lo que va de la segunda administración, pues sólo remitiéndonos al caso de las FARC, de 246 retenes realizados en el 2002 se pasó a 15 en el periodo observado para el 2008, una disminución del 93%. Este indicador es uno de los más claros para analizar el control territorial y la capacidad ofensiva de una organización ilegal, lo que muestra un panorama negativo para esta organización. De 25 departamentos con acciones de este tipo en el 2002, las FARC pasó a realizar retenes en el 2008 solo en siete departamentos, sin superar en ninguno cuatros acciones.

Además, en este periodo de tiempo la voladura de oleoductos se redujo casi en un 60%, así como disminuyeron drásticamente los ataques a torres de energía y telecomunicaciones.

Los defensores de la política de seguridad democrática exhiben estas cifras para explicar la reactivación económica que tuvo el país con el primer cuatrienio de Uribe. Según la Fundación Seguridad y Democracia, la capacidad ofensiva de los grupos al margen de la ley, medida en términos de hechos violentos, disminuyó en un 83% en todo el territorio nacional entre 2002 y 2008, lo que repercutió en la confianza de la inversión extranjera y en la eficiencia logística de la infraestructura del país.

El propio Presidente de la República en un discurso en Montería, dado en mayo del 2008, defendió la seguridad democrática como herramienta para el beneficio social y económico del país: “Lo social si no está basado en seguridad y en confianza inversionista, puede fracasar como tantas veces ha fracasado en Colombia. Se lanzan grandes discursos sociales en campaña y todo termina en demagogia y en frustraciones, por falta de seguridad y por falta de confianza inversionista”.

De ahí que en su posible tercera candidatura presidencial uno de los puntos más fuertes que han esbozado sus partidarios está en la seguridad de las vías y en la repercusión que ha tenido ésta sobre la “confianza inversionista” desde el 2002. Lo cierto es que según las cifras del Banco de la República, en el 2008 la inversión extranjera en Colombia alcanzó cifras de récord con US$10.564 millones, una cantidad que nunca había visto el país en su historia y que, según lo expresaron diferentes entes gubernamentales, tuvo que ver mucho con las garantías de orden público que ahora ofrecemos.

Este aumento del 17% en cuanto a lo registrado en el 2007 tuvo un especial centro de acción en el sector de petróleo (34% de la inversión extranjera), y luego en la explotación de minas y canteras, que fue equivalente al 20% del total de las inversiones netas positivas. Estos dos sectores, precisamente, habían sido los más castigados históricamente por el conflicto armado.

Este año, aunque la crisis ha disminuido la inversión internacional (decreció un 27% a marzo según el Banco de la República), las calificaciones de la economía colombiana son las mejores ante los ojos del mundo, pues lo inversionistas encuentran que ese paraíso que ofrece todo tipo de recursos naturales cada vez es más accesible para generar ganancias a todos.