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Etiqueta y empaque inteligente

 
bolsa

 

Las tecnologías aplicadas a la industria de los empaques inteligentes abarcan un mercado cada vez más grande, y Colombia debe entrar en sintonía con países
como Estados Unidos que están a la vanguardia de su implementación y desarrollo.

Por: Germán Gaviria Álvarez

Hacia mediados de 2003 Wall Mart, la cadena de supertiendas más grande del mundo, anunció en Estados Unidos que para 2005 los 100 proveedores principales tendrían que haber implementado el uso de tecnología RFID (identificación por radio frecuencia)
en las cajas y plataformas de madera, mientras que todos los demás proveedores
deberían cumplir con esta exigencia en 2006.

Wal-Mart, que también fue pionera en promover la utilización de códigos de barras entre sus proveedores e impulsó su adopción mundial hace más de dos décadas, de nuevo marcaba la pauta no sólo en materia de administración de la cadena de suministro, sino que iba más allá, pues la tecnología RFID está directamente asociada con el empaque, conservación y seguimiento detallado de cualquier producto.

Esta decisión fue de tanta trascendencia, que al poco tiempo el Departamento de Defensa de Estados Unidos expidió una orden a sus proveedores –unos 43.000– para que desde 2005 utilizaran etiquetas RFID.

Pero las etiquetas RFID, llamadas también etiquetas inteligentes, tienen una funcionalidad que supera la de las etiquetas informativas tradicionales de los productos que llegan al consumidor final. Pueden contener tanto indicadores de protección de marca expuestos o disimulados, como sensores que alerten al usuario sobre el estado del producto.

Las etiquetas inteligentes ofrecen a los fabricantes, distribuidores y clientes una visibilidad en tiempo real de los inventarios y pueden ayudar a un fabricante a controlar las condiciones y la ubicación.

De ahí que la comercialización de alimentos seguros implique identificar, lo antes posible y en cualquier punto del sistema de la cadena de suministro, los problemas de contaminación. Para ello, es necesario desarrollar técnicas cada vez más rápidas y precisas asociadas con mecanismos eficaces de control.

Es claro que con estas tecnologías todos se benefician: desde el consumidor que tiene disponibilidad de los productos que desea; hasta la tienda, que tendría un mayor volumen de ventas al evitar el desabastecimiento; pasando por el fabricante, que mejoraría la programación de la producción y apuntaría a un mercadeo más preciso y con mayores utilidades.

 

Del empaque pasivo al empaque inteligente

Frente a la gran variedad de la oferta en anaquel de productos frescos y procesados, para el consumidor moderno, cada vez más exigente y mejor informado, es de vital importancia tener garantía total en la inocuidad y la calidad de los alimentos que compra. Por ello, dado que muchos alimentos son procesados a partir de materias primas crudas con una cierta contaminación de origen e incluso con microorganismos patógenos, es necesario aplicar diversas tecnologías para la reducción de esos peligros.

En un escenario global en donde los clientes demandan productos frescos y procesados, con excelente estado de presentación y, lo más importante, libres de agentes nocivos y a la temperatura correcta, aparecen los empaques activos e inteligentes (información y registro). Estos pertenecen a la familia de empaques funcionales flexibles, entre los que también se encuentran los empaques activos (que neutralizan el deterioro), los de atmósfera modificada (MAP) y las películas y recubrimientos comestibles.

La tecnología de los empaques inteligentes, llamados así en la legislación europea, es reciente y está asociada a las etiquetas impresas RFID y a los microchips integrados, y va más allá de tener facilidades de distribución y de contener un producto gracias a una barrera de protección y optimizar su vida en anaquel.

Su inicio y desarrollo no tiene más de 25 años, y sólo hasta hace 10 se empezó a hablar de ellos en nuestro país. En 2003 se empezaron a hacer las primeras pruebas puntuales con el propósito de localizar mediante radio frecuencia los contenedores de productos terminados durante la distribución.

Los empaques inteligentes cuentan con sistemas para el control y monitoreo (etiquetas RFID) de pequeñas escalas (micro y nanotecnología), incorporados con propósitos de localización y vigilancia de productos que pueden ser afectados por variables relevantes. Entre éstas se encuentran la acidez, la humedad, la radiación, la temperatura, la presión, el tiempo (caducidad) o presencia de químicos específicos, y la detección de microorganismos como virus, hongos o bacterias como la E. Coli 0157 y toxinas.

Asimismo, tienen funciones que van desde prevenir adulteraciones o falsificaciones, indicar al usuario el vencimiento del producto y su presentación, hasta dar especificaciones de programación y control de dosis. Este es el caso de las jeringas y dosificadores inteligentes, y
de gran cantidad de medicamentos que deben almacenarse y despacharse a temperaturas precisas, o se corre el riesgo de que se contaminen.
Es el caso, por ejemplo, de los microcristales en los empaques de atmósfera controlada de las carnes de res, los cuales se tornan azul oscuro por acción de las luz ultravioleta (día 1, cuando el producto está fresco al 100%), y a medida que transcurre el tiempo la acción se revierte tornándose blancos (día 14), o de los indicadores para conservar la leche o el vino a la temperatura adecuada.

Cuando los tratados nos alcancen


escaneandoLos empaques en general, cuya función primaria es contener, proteger
contra daño físico, servir de barrera a gases y humedad (pérdida/condensación), a la luz (visible, UV, IR), y evitar la contaminación química, biológica (insectos, microorganismos o roedores), en los últimos 10 años han cambiado radicalmente su función y están destinados, como expresamos con las etiquetas RFID, a generar nuevas e irreversibles dinámicas en el mercado (como es el caso de la nueva filosofía de Wal-Mart).

Sin embargo, a pesar de las enormes ventajas y de los precios de los
plásticos y de las tintas para su producción, los empaques inteligentes son costosos. Para dar un ejemplo, hoy el costo es uno de los principales retos para el uso extendido de RFID en soluciones de venta al detal.

Las etiquetas RFID con antenas de cobre, no impresas con tintas especiales que permiten el flujo de electricidad, cuestan entre 30 y 60 centavos de dólar cada una. Para productos suntuarios, que pueden absorber fácilmente un costo unitario de 50 centavos de dólar, el RFID es un excelente dispositivo para el seguimiento de los inventarios. Pero la búsqueda de etiquetas más baratas es crítico para el uso de RFID en productos de consumo de menor costo.

A pesar de eso, las empresas han tenido que asumir los costos debido a
las exigencias de los mercados internacionales, pues deben responder a
condiciones muy fuertes del entorno, como la necesidad de inviolabilidad de los productos. Esto no es de poca monta, pues la imitación fraudulenta y la violación de la propiedad intelectual e industrial, lo mismo que las incursiones del bioterrorismo, han logrado generar cierto pánico entre los consumidores.

Por otro lado, la producción de petróleo y las nuevas políticas medio ambientales, afectan a los productores de empaques plásticos flexibles y semirígidos, ya que esta es la principal materia prima de las resinas plásticas, y ello favorece la aparición de empaques biodegradables,
cuyo material posee una estructura química que se degrada en un periodo de tiempo razonable (semanas o meses), que poco a poco se han venido tomando el mercado.

Sin embargo, los empaques biodegradables o las películas y recubrimientos comestibles, a pesar de sus propiedades (reducen pérdida de humedad, previenen la formación de exudados, retardan la oxidación de lípidos y mioglobina, reducen la pérdida o absorción de compuestos volátiles y la absorción aceite durante el freído, además de ser agentes activos), está lejos de extenderse. Los tratados de libre comercio con Estados Unidos y demás países, exigirán, en un periodo no muy largo, dar mayor cabida a los empaques inteligentes, por medio de la investigación, la transferencia tecnológica y la adaptación mediante alianzas estratégicas.

Pero en nuestro país el futuro en materia de empaques inteligentes aún no suena tan prometedor. En la negociación del TLC con Estados Unidos, hasta ahora no ha habido una representación directa, aparte de la realizada por la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), en donde apenas comenzaron a determinar posibles escenarios de acción. Actualmente, la tecnología de empaques que existe en Colombia es superior a la de los países andinos, pero inferior a la norteamericana que, además, cuenta con una producción más barata, conocimiento del consumidor, de legislación y de las tendencias del mercado.