Por: Daniel Fernando Polanía
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Para los haitianos la tragedia es el pan de cada día. Un nivel de pobreza que supera el 80%, una inflación del 9%, una tasa de desempleo que ronda el 70%, una producción de consumo (producen sólo para satisfacer sus necesidades básicas), una fuerza laboral en su mayoría analfabeta, una industria que sólo representa el 9% de su producción y un nivel logístico casi inexistentes harían pensar que ya nada podría ser peor.
Pero justo cuando el reloj marcó las 5:45 de la tarde del 12 de enero, la naturaleza estremeció la tierra.
Un terremoto de magnitud 7.0 en la escala Richter derrumbó cual castillo de naipes al Parlamento, la oficina de impuestos, las escuelas, los hospitales, los edificios altos, los medianos y los pequeños; derrumbó de un tajo lo que había, así fuera bien poco.
Las imágenes de los noticieros nos recuerdan que contra la naturaleza no hay quien pueda, pero a pesar de lo cruel que pueda haber parecido el terremoto, este no fue el único culpable. En la tierra del vudú la pobreza hizo su parte y la madre naturaleza remató. No es lo mismo un desastre natural en Puerto Príncipe que en Los Ángeles, no es lo mismo Haití que Japón, y por desgracia hizo falta un temblor y decenas de miles de muertos para comprender que la logística no sólo sirve para mejorar la productividad de un país, también salva vidas y prevenir tragedias.

Al principio todo era caos
y oscuridad No hay agua potable, tampoco electricidad; no hay comida, no hay gasolina ni maquinaría que remueva los escombros. Las vías de de acceso se llenan de desechos, los organismos de socorro no llegan y su ausencia no es producto del colapso provocado por el movimiento telúrico, simplemente es por que no existían. En Puerto Príncipe lo único que abunda es la escasez. Los sobrevivientes desesperados remueven las ruinas de los edificios con sus manos desnudas a la espera hallar a sus seres queridos con vida, porque si algo les ha enseñado la pobreza es a no esperar ayuda.
Todos tratan de trabajar en silencio, pues con ruido se hace más difícil escuchar los gritos de ayuda. Con la noche el caos es generalizado, en las carreteras sólo se ven camiones de la ONU a toda prisa y algunos de sus efectivos dando paso. La ayuda no se ve y la paupérrima logística de esta nación pasa cuenta de cobro. En Haití no hay nada. “La realidad de este país es que habrá más desastres. No hay voluntad del Gobierno, ni recursos para promover infraestructura”, dijo Ronald Beldon, agrónomo haitiano que habló frente a los medios que cubrían la tragedia.
Tanto la ONU como las ONG con infraestructura en el país tuvieron que reconstruir sus propios daños, luego buscar lo que quedara de sus equipos y sin mayor planeación empezar las labores de rescate. La sede local de la Cruz Roja quedó destruida. Médicos Sin Fronteras sufrió daños considerables en sus tres hospitales, y los médicos y bomberos debieron atender sus propias necesidades antes de poder ayudar al resto de la comunidad.
Las primeras ayudas empezaban a llegar, y con ellos el caos. Sólo dos días después de la tragedia el aeropuerto de Puerto Príncipe pudo restablecer sus comunicaciones, pero la falta de gasolina y la saturación de las pistas hicieron que decenas de aviones con ayudas debieran devolverse, pues la torre de control sólo podía coordinar a cuatro aviones al mismo tiempo.

“Las restricciones logísticas en Haití fueron muchas, la infraestructura física para el recibo, clasificación y despacho de las ayudas es mínima, esto hace más complejos los procesos”, opina Miguel Mauricio Manjarrés, Director Logístico de Deprisa.
El terremoto dejó inoperante al principal puerto de Puerto Príncipe; el muelle se hundió, las grúas que movían los contenedores desde y hacia los barcos colapsaron bajo el agua, lo que hizo que las ayudas no llegaran a tiempo a los centros de acopio. Los barcos no tenían donde descargar sus mercancías y debieron buscar puertos en República Dominicana y trasladar luego la mercancía por tierra.
Los grupos de ayuda extranjeros forman una torre de babel, cada uno intenta ayudar como puede en medio de un vacío casi completo de poder. Las líneas telefónicas colapsaron, así que la comunicación de los socorristas con el exterior era casi nula. “Hay muchas críticas de las autoridades locales a los esfuerzos humanitarios, pero para ser justos, si pudiéramos poner a funcionar las comunicaciones, nos hubiéramos movido mucho más rápido”, manifestó Ouis Belanger, portavoz del grupo de ayuda humanitaria Oxfam International..
El hambre es el común denominador, distribuir cualquier ayuda se convierte en un trabajo más arriesgado que remover escombros, numerosos camiones son atacados y asaltados; centenares de haitianos en medio de la reinante anarquía se abalanzan por los suministros sin medir consecuencia alguna. Además, los centros de acopio pierden horas valiosas en la tarea de seleccionar los recursos que verdaderamente son necesarios, las ayudas llegan por montones pero la mayoría no son necesarias:alimentos, bebidas, medicamentos e implementos de aseo priman; ropa, juguetes, ollas y hasta libros entorpecen la cadena logística.

“La importancia de definir una organización internacional para la atención de desastres de este tipo es una solución muy lógica, es imperativo definir una estructura central que planee y programe todas al actividades para la atención del desastre. El reto más importante es poder sincronizar de manera efectiva todos los procesos en los diferentes frentes que se deban atender, pues el no contar con una organización como ésta hace más complejo una efectiva atención”, según Manjarrés.
Héroes de la logística
Ante la difícil situación presentada en Haití, multinacionales como DHL prestaron su ayuda y experiencia en el mundo de la logística a la Organización de las Naciones Unidas. La firma envió al Equipo de Respuesta ante Desastres (DRT, por sus siglas en inglés), este operó desde el Aeropuerto Internacional Toussaint L’ouverture en Puerto Príncipe y se encargó de manejar el flujo continuo de carga entrante en el aeropuerto, incluyendo el traslado y distribución de productos de socorro.
“El DRT fue diseñado para responder a situacionesdevastadoras como la de Haití. Susmiembros están entrenados para proporcionar un efectivoy práctico soporte de logística que ayude a las víctimas de desastres naturales en momentos de necesidad”, señaló Chris Weeks, director de asuntos humanitarios de DHL, quien explicó que este desastre requerirá habilidades de logística excepcionales, dado que el país contaba con una infraestructura pobre aún antes del terremoto. La Revista de Logística también contactó a Gilberto Castro, líder del equipo de DRT de DHL, quien nos habló de su experiencia en atender desastres:
¿Cómo era un día en Haití?
“Un día Haití empieza con la planificación de la llegada de los vuelos en coordinación con la Fuerza Aérea de Estados Unidos, revisión de espacio disponiblepara almacenaje ya sea dentro o fuera de una bodega, dependiendo qué tipo de artículo o material esté llegando.
Luego se comunica a las aduana del país y a Naciones Unidas lo que se estará recibiendo el día con base en la proyección de vuelos. De igual manera se coordina con el equipo terrestre para el descargue de los aviones, tomando en cuenta un máximo de dos horas de tiempo en tierra.
Se hace el control de almacenaje para aquellas organizaciones que lo soliciten y que no tengan coordinado su transporte terrestre con escoltas militares. Finalmente un apoyo general y logístico a todas las organizaciones y aerolíneas que soliciten información o equipo de específico para cumplir con su objetivo”.
¿Qué estrategia se debe implementar para lograr que las ayudas sean distribuidas de manera adecuada?
“La coordinación entre aeropuerto, aduanas, distribución local (terrestre o aérea) y la total disposición del país que está recibiendo la ayuda humanitaria es fundamental. De igual forma, la coordinación y comunicación efectiva de todas las organizaciones (Cruz Roja, World Food Programa, UNICEF, CARE, para nombrar algunas), es vital para que en equipo se cumpla con el objetivo”.
¿Cómo organizar el recurso humano?
“El recurso humano en un 60% viene del país afectado, y la debida organización y control del mismo depende del gobierno local en conjunto con equipo de apoyo como los DHL DRT u otras organizaciones. De esta forma se puede obtener una fuente de alimentación y esperanza a cambio de trabajo, ya sea en las bodegas o cargando los equipos terrestres de distribución”.
¿Qué recomendaciones en materia de logística le puede dar a las naciones para enfrentar posibles tragedias a futuro?
“Tener planes de acción reales basados en sus instalaciones aeroportuarias, puertos, transportes, instalaciones de almacenaje, etc., aparte de una organización con estamento de seguridad y equipos de reacción que puedan contactar con estudios adecuados para casos de emergencia. También es importante que en el país exista un plan de logística establecido con contactos internacionales y locales que se puedan activar minutos después de la tragedia”.

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