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El pasado 1 de junio atracó por primera vez en Buenaventura un buque Post Panamax, y la noticia era tan buena como preocupante para el país. Es que por un lado el arribo del MSC Eugenia representaba el ingreso del puerto colombiano más importante sobre el Pacífico a las grandes ligas de la operación portuaria, y por el otro era la ratificación de algo que se estaba previendo desde hacía un tiempo: que iba a llegar el momento en que Buenaventura no diera abasto.

Ante esto último, las autoridades nacionales y regionales se pusieron a trabajar para darle una pronta salida a los problemas que tenía la que siempre se supo que iba a ser la gran solución para ampliar el puerto bonaverense: el Puerto de Aguadulce, ubicado en la península del mismo nombre, al cruzar la bahía y justo en frente de Buenaventura.
En octubre el Ministro del Transporte, Andrés Uriel Gallego, confirmó la firma de un otrosí al contrato de concesión inicial firmado en 2007 con la filipina Internacional Container Terminal Service Inc. (Ictsi), y las obras se retomaron después de una para que retrasó el proyecto dos años. Sin embargo, a pesar de que este 2010 debía ser el de la apertura de Aguadulce, el saber que en el 2012 va a haber un terminal alterno con un área de 1.600 hectáreas y un muelle de 600 metros de largo es una magnífica noticia no sólo para el Valle del Cauca, sino para la economía nacional en general.
El reto de diseño y construcción no sólo fue enorme, sino que fue una obligación debido a las mismas condiciones geográficas que ofrece la bahía y a la situación de riesgo que vivía la población bonaverense debido al crecimiento de su puerto.
Porque Aguadulce surgió precisamente del malestar que representaban la localización de los tanques de combustible líquido en el centro de la ciudad, y las limitaciones de espacio físico de la vecina Isla de Cascajal para el asentamiento de nuevas industrias y establecimientos complementarios, incluidos los portuarios. Con la implementación de Aguadulce, las industrias de Cascajal se trasladarán a la península cediendo espacios para los sectores urbanos y comerciales y el asentamiento de empresas nacionales y extranjeras vinculadas al comercio internacional.
“Detrás de la construcción del Puerto de Aguadulce en Buenaventura viene la generación de empleo y el comercio que beneficiará a empresas de ferretería, los areneros y la mano de obra, lo cual ayuda a reactivar al Valle del Cauca en estos momentos de recesión económica mundial”, declaró el gobernador vallecaucano Juan Carlos Abadía en su informe
final de 2009.
El funcionario sabe que no hay nada peor para los planes logísticos de la región que el retraso en la obra, y por eso
le pidió al gerente del proyecto, Manuel Buendía, que “hay que meterle julepe. El gobierno nacional está apoyando y vamos a meterle el acelerador porque la inversión es positiva”.
No sólo Agua dulce
Sin embargo, los objetivos de crecimiento de Buenaventura no sólo están centrados en Aguadulce. El plan de modernización contemplado por la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura S.A. entre el 2007 y el 2032, tiene previsto inversiones adicionales por 450 millones de dólares, de los cuales 175
millones serán destinados a equipos, 215 millones se irán en infraestructura y 60 millones en logística. La inversión que se realizará antes de 2.014 asciende a 300 millones de dólares.
El objetivo es incrementar la capacidad instalada actual de 13.5 TMA (Toneladas Métrica por Metro Cuadrado) a 22,8 TMA, en tanto que, de acuerdo con el plan maestro de la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura S.A., se proyecta movilizar cerca de 27 millones de toneladas en 2032. Todo este incremento permitirá generar un promedio de 9.000 empleos indirectos en los próximos 22 años, a partir de las diferentes inversiones en infraestructura proyectadas.
En este sentido, el primer plan ejecutado es la puesta en marcha del Terminal de Contenedores, construido en el estero. El Aguacate con una inversión inicial de US$170 millones y que arranca su funcionamiento este año.
Gustavo Hernández, director de ingeniería del proyecto, le dijo al diario El País que “de acuerdo con el cronograma de actividades, en noviembre estaremos en la primera fase del terminal, que movilizará unos 200.000 contenedores al año. Y estamos cumpliendo con los tiempos programados”.
A Tcbuen, como se denomina la Sociedad Portuaria Terminal de Contenedores de Buenaventura, sólo le faltan los últimos detalles en cuanto a obras de dragado y civiles, además de la compra de equipos. “En obras civiles se invertirán US$90 millones y en el dragado tenemos presupuestada una inversión de 51 millones de euros”, explicó Hernández.

Lo realmente interesante del Terminal, sin embargo, está en sus ventajas arancelarias al ser aprobado como Zona Franca Especial por el Comité Intersectorial de Zonas Francas, organismo adscrito al Ministerio deComercio.
“Este será el primer puerto de su tipo que entrará a gozar de los beneficios con los cuales busca el Gobierno impulsar el negocio portuario frente a los retos de la globalización”, explicó en su momento el viceministro de Transporte, Gabriel Ignacio García. Y es que al ser Zona Franca Especial, las empresas en el Terminal sólo deben pagar una tarifa de renta del 15% frente al 32% tradicional.
Lo que viene
Todo esto está planeado para que Buenaventura se convierta en el puerto latinoamericano más importante sobre el Pacífico, cosa que no será fácil. El Callao en Perú está creciendo y comprando tecnología, Balboa en Panamá tiene las ventajas del Canal, y la estable economía chilena cuenta con Valparaíso y San Antonio.
Sin embargo, la proyección bonaverense es ambiciosa y, aparte de Buenaventura, Aguadulce y el Terminal, también está el proyecto de Bahía Málaga, que sería un puerto de transbordo.
En este sentido el gobierno departamental del Valle del Cauca ya comenzó a buscar apoyo internacional para la financiación. Sin embargo, Bahía Málaga es un santuario natural y las objeciones de carácter ambiental deben ser tenidas en cuenta a la hora de empezar cualquier proyecto.
También hay que decir que tanto la Terminal como Aguadulce representan un trabajo extra en obras de carreteras y demás, lo que no sólo será un detonador en la disminución del índice de desempleo en el departamento, sino que además será un motor de progreso para la región.
Como bien lo dijo el titular de la cartera de Transporte, Andrés Uriel Gallego: “con estas obras el Valle del Cauca y Buenaventura se convierten en una región de oportunidades, en un imán para las grandes empresas y la inversión nacional y extranjera”.

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