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¡Viven! Una logística de rescate  
cerezas

 

Todo el planeta supo de la tragedia de los mineros en Chile, sin embargo, en el fondo del drama, hubo un entramado logístico de máximas dimensiones que vale la pena desenvolver. Sólo así se comprenderá el porqué del éxito que tuvo el rescate más importante en la historia minera del mundo.

Por: Amado Hernández Gaviria

Jeff Hart se sorprende cuando su jefe le ordena volar inmediatamente desde el desierto de Afganistán, donde trabaja para las Fuerzas Armadas de Norteamérica, al de Atacama, en el norte de Chile, para cumplir con una misión especial. “¿Por qué nos han llamado a nosotros?”. El rollizo hombre de 40 años de edad aún no tiene idea de que en vez de perforar la tierra para extraer agua, petróleo o gas, lo hará para sacar a 33 personas que completan un mes atrapadas en una mina a 700 metros de profundidad.

Hart, operario experto de perforadoras y especialista en sondajes mineros, es la ficha clave de la firma Geotec, una de las contactadas por el Gobierno chileno para barrenar el suelo de roca de la mina San José, en la localidad de Copiapó, con el fin de extraer con vida a los 33 obreros. La llegada del norteamericano encargado de maniobrar la perforadora Schraam T-130 de fabricación estadounidense al Campamento Esperanza, montado en las afueras del yacimiento, es una de las más importantes gestiones hechas por el gobierno austral en su propósito de reunir los mejores recursos para cumplir con un rescate exitoso.

Desde el jueves 5 de agosto, cuando se supo del derrumbe en la mina, comenzó el megaoperativo de rescate de mayor repercusión en la historia minera del mundo. El llamado de auxilio hecho horas después por el presidente chileno, Sebastián Piñera, a los países con más tradición y desarrollo tecnológico en esta área, como Perú, Estados Unidos, Canadá y Australia, lleva a desarrollar el plan logístico más amplio, jamás conocido y más perfectamente articulado para la atención de emergencias mineras.

“Si hay alguna tecnología, equipamiento o conocimiento que nos pueda ayudar, lo vamos a utilizar. Queremos tener la certeza absoluta de que estamos haciendo todo lo humanamente posible”, manifiesta Piñera ante los medios de comunicación agolpados en aquel inhóspito paraje. A la vez, su ministro de salud y líder del operativo, Jaime Manalich, afirma: “No economizaremos nada. Asumiremos el rescate cueste lo que cueste. Lo que importa es la vida de estas 33 personas”.

Antes de que Hart cruzara más de medio planeta para arribar a Copiapó y de que se convirtiera en héroe, cientos de acciones habían permitido que la tierra ‘hablara’ por primera vez. Mediante una de las 11 máquinas que intentaban introducir sondas hasta las cámaras de aquel socavón, se obtuvo la primera muestra de subsistencia: “Estamos bien en el refugio, los 33”. Decía en un papel escrito con tinta roja por uno de los mineros. Los equipos de precisión con sistemas robóticos enviados por Estados Unidos y adaptados a las sondas daban sus primeros beneficios. Pedir ayuda, como lo hizo el presidente, se volvía un axioma en la logística para atender tragedias.

Ningún detalle se descuida. El 30 de agosto la máquina australiana ‘Strata950’, del denominado ‘Plan A’, inicia la excavación del ducto de rescate, en el diámetro final. Se prevén hasta los inminentes fracasos. Por eso el 6 de septiembre la perforadora norteamericana Schramm T-130, del ‘Plan B’, inicia sus labores. El día 20 una tercera máquina, la RIG 421, denominada ‘Plan C’, de la firma canadiense Precision Drilling especializada en sondajes de petróleo, empieza sus operaciones de perforación. Las tres castigan la roca pero es la T-130, la maniobrada por Hart, la que comunica al mundo subterráneo con el exterior a través de un túnel de 70 centímetros de diámetro por 700 metros de extensión.

El hombre que buscaba agua en Afganistán, convocado por su empresa a solicitud del Gobierno chileno, ahora contacta con los 33 corazones palpitantes en las cavernas de cobre de Copiapó. “Por qué nos han llamado a nosotros, no tengo idea. Pero vinimos, hicimos el trabajo y acá estamos. Hay otras grandes empresas de perforación allí arriba, nosotros tuvimos más suerte”, dice Hart a la agencia Reuters, quien sin entender media palabra de español y sin comprender plenamente que había sido una de las fichas más importantes del plan logístico de rescate, se abraza con los lugareños, les da autógrafos y posa para las fotos como si fuera un ídolo del deporte.

 

PURA LOGÍSTICA, NADA AL AZAR

Chile dio un ejemplo de cómo debe ser un operativo logístico en casos de emergencia. Ningún detalle funciona de forma aislada. Todo opera en armonía con el conjunto.

Hay tragedias de tragedias y aunque cada una demanda acciones logísticas específicas, hay cánones que nunca se deben obviar. Tener planes reales basados en instalaciones, modos de transporte, condiciones de montajes y emplazamientos de equipos y maquinaria resulta clave. Más que de puertos, aeropuertos o bodegas de almacenaje, fundamentales cuando sucede una catástrofe provocada por un terremoto o un tsunami, con millares de damnificados, en el caso de los mineros chilenos era fundamental el transporte y la accesibilidad en modo terrestre a la mina San José.

Por esta vía llegaría la maquinaria principal para las excavaciones. Por ejemplo, una de las perforadoras, la RIG-421 conocida como la ‘petrolera’, tuvo que transportarse desde Iquique, mil kilómetros al norte de Copiapó, en 42 camiones. Y aunque hicieron todo el viaje en caravana, al llegar a la mina tuvieron que turnarse de a dos para descargar las piezas debido a lo reducido del lugar, que previamente había sido acondicionado. La perforadora Schramm T-130, igual, tuvo que trasportarse por partes y por tierra desde Antofagasta, a unos 500 kilómetros del sitio.

Obviamente, el medio aéreo también fue clave para la movilidad tanto del personal especializado como de los implementos llegados desde otras ciudades y del exterior. La famosa cápsula Fénix 2 fue fabricada en la ciudad de Talcahuano, a cientos de kilómetros al sur de Copiapó. Su arribo fue casi inmediato. Igual ocurrió con los cientos de metros de cable especial traídos desde Alemania para sujetar la Fénix en sus desplazamientos.

El transporte aéreo también fue efectivo en el traslado de los equipos de precisión llegados desde Estados Unidos para los sondajes y los 12 cinturones biométricos donados por la empresa norteamericana Zephyr Technologies -2.000 dólares cada unopara conocer en tiempo real la frecuencia cardiaca y respiratoria, el nivel de oxígeno, la temperatura corporal, la acidez de la transpiración, la postura e incluso para saber si la persona está despierta, dormida o ha perdido el conocimiento al ser izada por la Fénix. Los lentes de última generación para proteger a los mineros contra los rayos UVA, UVB y UVC.

En emergencias, todo plan logístico debe contar con una organización compuesta por estamentos de seguridad y equipos de reacción que puedan interactuar con base en estudios adecuados, como se pudo comprobar en Chile. Es muy importante que en el país exista un plan logístico establecido con nexos locales e internacionales que se puedan activar inmediatamente después de la tragedia, lo cual también se comprobó en Copiapó.

COMO HORMIGAS...

La red de auxilio tejida por firmas voluntarias, por entidades de otros países y, lógicamente, por los ministerios y organismos de la nación chilena, hace que la esperanza ilumine aquel hoyo. Científicos de la NASA especializados en el trato con personas en aislamiento extremo asesoran a los rescatistas, ingenieros chilenos y de todo el mundo diseñan desde un sándwich en miniatura hasta complejos mecanismos tecnológicos para sostener teleconferencias de motivación e información con los trabajadores. Suministros que deben ser enviados por un ducto que tiene el diámetro de un limón.

La ASMAR -Astilleros y Maestranzas de la Armada Chilena, por petición del Gobierno, se ocupa de la construcción de las cápsulas de rescate Fénix 1, 2 y 3. Más de 300 médicos y especialistas se encargan del seguimiento individualizado de los mineros. La comisión de psicología chequea cualquier ondulación en el estado anímico de los pacientes. Cinco de ellos ya muestran síntomas de depresión. Igual, se hacen terapias y conferencias con los familiares de los mineros para que sepan cómo asimilar el comportamiento de ellos tras el rescate. Dietistas planean programas de alimentación según las necesidades de cada víctima.

Preparadores físicos diseñan rutinas de entrenamiento para mantener la condición atlética de los mineros, con miras al día del rescate.

Organismos de salud preparan un hospital de campaña en las afueras del yacimiento y otro de atención inmediata en Copiapó. La Fuerza Aérea instala un par de helipuertos para los cuatro helicópteros Bell 412 que los trasladarán en menos de 15 minutos desde el hospital de campaña hasta una base militar ubicada a 700 metros del centro clínico de Copiapó, donde se han separado el segundo y tercer piso para atenderles, desde un rasguño hasta un paro cardíaco. Allí, el equipo médico lo integran 16 personas. Los mineros llegarán en grupos de cuatro desde el yacimiento San José.

La logística en la parte externa de la mina también incluye el montaje de toda la infraestructura para la señal de televisión, no sólo para satisfacer las necesidades informativas de los centenares de periodistas que están en el Campamento Esperanza sino también para que más de 1.000 millones de televidentes en el mundo, según lo estimado por la Secretaría de Comunicaciones del Gobierno (Secom), estén actualizados sobre la hazaña. No obstante, hay medios de comunicación que se quejan por el restringido manejo que Secom le da al uso de las fuentes periodísticas.

La comunicación es un tema esencial. Es prioritaria la dotación de infraestructura logística. Este es uno de los primeros problemas que hay que solucionar. Ante la falta de una red de telecomunicaciones, la división El Salvador, de la empresa estatal minera Codelco, firma contratos con las empresas de telecomunicaciones para que se instalen dos antenas en la zona que posibilitan la telefonía móvil y la conexión a Internet. Es así como todo el planeta termina haciendo fuerza en favor de los 33 de Atacama.